El nuevo presupuesto de Nueva Gales del Sur ha vuelto a poner el foco sobre las pokies, nombre con el que se conoce en Australia a las tragamonedas instaladas en pubs, hoteles y clubes. Según las previsiones oficiales, la recaudación fiscal ligada al juego seguirá creciendo en los próximos años, algo que distintos colectivos interpretan como una señal de que la reforma prometida para reducir el daño asociado al juego avanza con poca intensidad.
Las estimaciones incluidas en las cuentas públicas apuntan a que los ingresos anuales por todos los impuestos del juego pasarán de 3.800 millones de dólares australianos en 2025-26 a 4.700 millones en 2029-30. Dentro de ese bloque, el segmento de pokies en pubs y hoteles destaca por su peso: la previsión es que aporte 2.200 millones anuales en 2029-30, frente a 1.600 millones en el ejercicio actual.
Desde un punto de vista de mercado, el dato relevante no es solo el volumen, sino el ritmo de crecimiento. El presupuesto proyecta una subida anual del 7,5% en la recaudación procedente de estas máquinas en pubs y hoteles, por encima de la inflación. En la práctica, eso implica que la administración contempla una expansión sostenida de la actividad del canal terrestre basado en slots.
Qué dicen el gobierno y los grupos de reforma
El tesorero estatal, Daniel Mookhey, explicó que la modelización presupuestaria se construyó con las políticas vigentes en ese momento y que el Tesoro no incorporó el posible efecto de futuras reformas del juego sobre la recaudación. Aun así, rechazó que eso signifique que no vaya a haber nuevos cambios regulatorios.
Para los defensores de una reforma más dura, esa explicación no despeja la cuestión central: si el Ejecutivo prevé recaudar más con las pokies, el mercado interpreta que el sistema actual seguirá operativo sin modificaciones estructurales a corto plazo. Tim Costello, de la Alliance for Gambling Reform, sostuvo que las cifras reflejan una dependencia presupuestaria de este flujo fiscal.
Las críticas también se dirigen al contraste entre las promesas previas a las elecciones de 2023 y la situación actual. Antes de llegar al poder, Chris Minns había planteado reducir el número de máquinas y avanzar con un ensayo de juego sin efectivo, una herramienta pensada para limitar el daño y reforzar el control contra el blanqueo.
Reformas pendientes en el ecosistema de las tragamonedas
Tras una prueba realizada en 2024, el gobierno laborista todavía no ha confirmado la implantación de tarjetas cashless para juego. Además, siguen sin respuesta formal 30 recomendaciones presentadas por el panel independiente para la reforma del gaming, entre ellas un sistema centralizado basado en cuentas de usuario.
Este tipo de herramientas no cambia la matemática interna de las máquinas, pero sí la capa de control del producto. En términos operativos, permiten registrar actividad, aplicar límites y mejorar la trazabilidad del gasto. En una industria donde miles de terminales funcionan de forma distribuida, ese componente tecnológico es clave para cualquier reforma de alcance real.
Otro dato que agrava el debate es la proyección de pérdidas de los jugadores. Un análisis de Wesley Mission estima que los usuarios podrían perder más de 10.000 millones de dólares en pokies durante 2026. Aunque la noticia no entra en parámetros técnicos como RTP o volatilidad de cada máquina, el volumen agregado muestra la dimensión económica del parque instalado en el estado.
Pubs, hoteles y clubes: dónde está creciendo más el negocio
El presupuesto indica que el mayor impulso no llega de forma homogénea a todos los operadores. Los pubs y hoteles, pese a estar limitados a 30 máquinas por local, aparecen como el canal con crecimiento más acelerado. Las previsiones del Tesoro sitúan el incremento anual de sus beneficios en torno al 8% hasta 2027-28.
En cambio, los clubes registrados muestran una expansión más moderada, cercana al 4% anual. Aun así, este segmento mantiene una ventaja fiscal relevante: sus máquinas disfrutan de una concesión tributaria cuyo coste para el gobierno superará los 1.000 millones de dólares australianos en el ejercicio en curso.
Desde la óptica del catálogo presencial, la diferencia entre canales no depende de una mecánica concreta, como sí ocurriría al analizar un lanzamiento de slot online por RTP, volatilidad o bonus. Aquí el eje está en la densidad de terminales, la ubicación, la frecuencia de uso y el marco fiscal que sostiene el rendimiento del negocio.
Presión política sobre el volumen de máquinas
Nueva Gales del Sur concentra cerca de 90.000 pokies, aproximadamente la mitad del total nacional. Ese tamaño convierte al estado en el principal mercado australiano de tragamonedas presenciales y explica por qué cualquier ajuste regulatorio tiene impacto político y presupuestario.
El próximo congreso del Partido Laborista estatal podría reactivar esa discusión. Un sector interno impulsará una propuesta para reducir al menos 45.000 máquinas en un plazo de diez años. Si prospera, no sería un cambio menor: afectaría de forma directa al inventario operativo del mercado y, previsiblemente, a la recaudación esperada.
Por su parte, Minns defendió que su gobierno sí ha introducido medidas. Entre ellas citó la reducción del tope estatal de máquinas, el fin de 670 exenciones que permitían operar fuera de la pausa obligatoria entre las 4 y las 10 de la mañana, y la rebaja del límite de entrada de efectivo en nuevas máquinas, que pasará de 5.000 a 500 dólares a partir del 1 de julio.
En términos regulatorios, son ajustes que afectan a la disponibilidad y al acceso al producto, aunque no alteran todavía la estructura general del mercado. El Ejecutivo añadió que sigue evaluando la complejidad técnica y económica de nuevas reformas en una industria que, según su versión, sostiene más de 150.000 empleos en el estado.
En definitiva, el presupuesto no presenta una novedad sobre el funcionamiento de las máquinas, pero sí ofrece una lectura clara del sector: las pokies continúan siendo una fuente central de ingresos públicos en Nueva Gales del Sur, y esa realidad mantiene abierto el debate sobre hasta qué punto la regulación puede reducir el daño sin desmontar el peso económico del canal terrestre.
Créditos de las ilustraciones: Blake Sharp-Wiggins/The Guardian
